HISTORIAS DE FUENSANTA

Este blog parte del Centro Guadalinfo de Fuensanta con la intención de dar a los usuarios un espacio donde poder contar Historias de las Gentes del Municipio. Sus autores son gente llana y humilde, fuensanteñ@s inquietos con ganas de expresar y contar lo que han vivido.

5/14/2006

Las diferentes historias y testimonios aquí mostrados, son el resultado de un largo periodo de trabajo, en el que un grupo de mujeres, "viajaron atrás en el tiempo", rememorando y recordando una serie de vivencias personales, testimonios, sentimientos,... desempolvando viejas fotografías, álbumes y cajas de viejas imágenes y trayendo al presente, y por un momento, los paisajes, gentes, costumbres,... de Fuensanta, pequeño pueblo, que a pesar de la sencillez y humildad de sus gentes, tambien tiene mucho que contar.

Les han mostrado a los más jóvenes como se vivía antiguamente, las difcultades existentes, las pocas comodidades que había, otra forma de pensar, otra forma de vivir, casi otra cultura completamente distinta.

Estas mujeres con esfuerzo y empeño han elaborado este documento, utilizando herramientas de trabajo del cual desconocian su uso, pero finalmente lo han conseguido.

Ha supuesto un reto y una gran satisfacción la consecución de este material, con el cual, las anécdotas, aventuras, sentires y experiencias ya no se perderá en la memoria del tiempo, sino que permanerán escritas en estas páginas para recordar que no siempre todo fue igual.

Gracias y enhorabuena a todas las personas que han participado y colaborado en el desarrollo de este proyecto.

3/31/2006

ALBUM FOTOGRÁFICO






















































































3/17/2006

ANDALUCIA


Una andaluza de sentimiento no de nacimiento.

Andalucía: Nombrarte a ti en cualquier lugar de España o del extranjero es pensar en playas, sol, toros, flamenco y monumentos, pero Andalucía eres mucho mas que eso, eres lo mas bonito del mundo entero, no te falta de nada, guapas son tus gentes, sencillas, acogedoras, amables, simpáticas, trabajadoras, cariñosas y con el corazón abierto a todos sus visitantes.

Tienes ocho provincias que son como ocho hijas para una madre.

Huelva: Marinera,hermosas playas, famosos sus mariscos, sus fresas, esas marismas y esa Virgen del Rocío.

Cádiz: Tacita de plata, tus vinos, tus caballos, y que me dices de esos carnavales sin igual.

Málaga: La bella te llaman, numero uno en tus hoteles, playas y en turismo. Típicos son tus bailes, cantes y tradiciones.

Granada: La mora, desde el Albaicín a tu Alhambra tu Generalife y tu universidad, eres toda arquitectura, eres toda un monumento. Hermosas son tus vegas y para que estés mas completa y no te falte de nada estas coronada por tu Sierra Nevada.

Almería: Tus preciosos pueblos blancos, playas, sol, tu famoso mármol de Macaél para completar tu paisaje, tienes el desierto de Tabernas, y unas gentes acogedoras pues reciben con amor a todos los inmigrantes que a tus invernaderos llegan.

Sevilla: Que decimos de Sevilla, con ese olor de azahar y esa erguida Giralda y esa Torre del Oro contemplándose en las aguas de tu Guadalquivir, tu puente de Triana y tu Virgen Trianera, no digamos menos de tu Virgen Macarena, Semana Santa en Sevilla famosa en el mundo entero.

Córdoba: La Llana, tienes ricas y extensas campiñas tus mujeres morenas, como nos pinto Julio Romero de Torres. Son famosos sus patios de flores, tus jardines y esa Mezquita sin igual.

Jaén: Nuestro querido Jaén ciudad del Santo Reino te llaman, tierra de interior paisaje inigualable, de Sierras desafiantes como Sierra Morena, Sierra Mágina, Sierra de Cazorla, Segura y las Villas, tus parques naturales de belleza incomparable, tus pantanos, ríos, pueblos con raíces, y con historia, tus castillos y fortalezas.

Tu Úbeda y tu Baeza, tu Andujar y tu Virgen de la Cabeza, tu Catedral de Jaén, catedral de catedrales y en ella encontrareis nuestro queridísimo “Abuelo” y el Santo Rostro de Cristo.

Jaén olivarera con la mayor y mejor producción de aceite del mundo.

Y aunque muy pequeñito y quizás de menor importancia, pero, señores no voy a dejar de nombrar a mi querida Fuensanta.

Como veréis es el retrato de una Andalucía bonita, moderna, culta, rica, emprendedora, trabajadora, agrícola, ganadera, industrial, con buenas comunicaciones, con grandes universidades, tierra de grandes poetas, escritores, pintores, que fueron grandes personajes andaluces. En definitiva una Andalucía grande y libre capaz de competir con cualquier parte del mundo.

Pero no quisiera terminar sin recordar a la Andalucía de antaño, la Andalucía rural, pobre y desfavorecida en todos los aspectos, cuando Andalucía estaba dividida en grandes latifundios que tenían muy pocos dueños y por consecuencia muchísimos andaluces eran solo los jornaleros, donde no había mayor ambición que la de servir a sus señores. Poco a poco Andalucía a progresado. Levantar a Andalucía a supuesto un esfuerzo muy grande de muchas personas a lo largo de la historia, incluso algunos dieron su vida por ello. Aquí quiero hacer hincapié y pedir en nombre de los andaluces; a todos los inmigrantes que por una razón u otra están aquí en nuestra tierra en busca de trabajo y a las personas que hacen uso de esa mano de obra más barata, que recuerden lo que dice la Constitución: que todos tenemos derecho a un trabajo digno y bien remunerado. El hecho de emplear a estas personas por debajo del salario mínimo es cometer una falta contra nuestra Andalucía y puede hacernos retroceder en el tiempo, echar por tierra el esfuerzo de todas esas personas que se han preocupado de que nuestra Andalucía sea hoy en día lo que es una tierra rica, próspera, moderna y en la que los andaluces no seamos sometidos por aquellos dueños de los grandes latifundios y como dice la canción: Andaluces de Jaén, aceituneros altivos, decirme en el alma quién ¿de quién son esos olivos? Pues bien, ya se puede decir hoy que son suyos, que pasaron de siervos a propietarios.

Yo pediría a todos los organismos gubernamentales que no abandonen a nuestra Andalucía, que la cuiden y la respeten, pues Andalucía es grande y libre y solo hay una Andalucía, la nuestra.

Tere Parra Torres

UNA VIDA DE TRABAJO


Bueno, me llamo E.G.M., soy de Fuensanta, provincia de Jaén. Contaré un resumen de la historia de mis antepasados, por ejemplo, mis abuelos.

En aquel entonces yo aun no existía, pero según me contaban mis padres, la vida era muy distinta ha la que después ellos y seguidamente nosotros hemos vivido. Ellos pasaron muchas fatigas, a pesar de todo criaron a sus hijos lo mejor que pudieron.

Mi abuelo trabajaba siempre de jornalero, pero por aquel entonces se ganaba muy poco dinero, subsistían criando animales, tenían cabras, hacían el queso con la leche de estas y lo vendían; también tenían gallinas, pollos y los cochinos de la matanza; entre unas cosas y otras se ganaban la vida trabajando mucho.

A pesar de los pocos medios de que disponían ha mi abuela le gustaba jugar a la lotería nacional, jugaba siempre que podía; mandaba a su nieto a comprarla sin que mi abuelo se enterara porque le reñía. Pero un día de tantos como compraba, le tocó el Gordo de Navidad, entonces mi abuela le dijo: ¡Estas viendo Tomasillo lo bien que nos ha venido la lotería!, y mi abuelo le contesta: ¿Pero cuanto esposa mía me has gastado en Lotería? En aquel entonces el premio gordo eran 3000 pesetas (18 €).

Con ese dinero se compraron un cortijo con sus tierras y sus olivos, y su huerta, les cambio la vida por completo. Todo esto que estoy hablando hace mas de cien años.

Después mis padres tuvieron 8 hijos, también nos criaron lo mejor que pudieron pero en aquel entonces imagínate, para criar tanto hijo pero en cuanto pudimos nos engancharon a hacer cada uno lo que podíamos. Teníamos tierras arrendadas con olivos, tierras calmas y huertas, en las huertas no faltaba el trabajo, sembrábamos hortalizas como tomates, habichuelas, pimientos, garbanzos y el maíz. Por cierto, resultaba curioso como se sembraba el maíz, se hacia con una estaca de palo a la que le hacíamos la punta mas fina y la pinchábamos en la tierra y allí en el agujero que se hacia se echaban los granos del maíz, y así se sembraba, ¡Qué paciencia!

Las tierras calmas se sembraban de trigo, las alverjanas, habas, las cebadas, en fin, de todo... Todo esto se vendía, menos lo que se le echaba a los animales, las cebadas se le echaba ha los mulos y la paja, estos animales se utilizaban para las tareas del campo, y el trigo lo llevaban ha moler y se traían la harina y hacíamos el pan teníamos un horno y hacíamos pan. En el verano se sacaba el agosto, con los mulos se le enganchaba una máquina de trillar y se subía un hombre y los mulos tiraban de ella y así se sacaba el agosto, era todo muy distinto.

También criábamos animales como las gallinas, pollos y también teníamos cabras, criábamos chivos y se vendían, bueno, también nos comíamos alguno que otro, los cochinos que criábamos los que nos quedaban de la matanza se vendían, los traían el día de San Andrés el 30 de noviembre en la herrería sitio llamado la vadera, ahí hacían la feria del cochino.

Bueno, en las matanzas cuando se hacia la morcilla antes de llenarlas en las tripas tenían las mujeres por costumbre de tiznarse la cara con morcilla y se ponían perdidas y después cuando las metían en la caldera cuando iban a empezar a hervir decían que era bueno subirse la ropa para arriba y enseñarle el culo para que no se reventaran las morcillas y no veas la que se descuidaba ha esa se la subían.

Cuando se terminaba la faena de la matanza se hacia una cena al terminar de cenar se servía el postre, el postre eran orejones de membrillo o de melocotón que se guardaba en su tiempo en botellas de cristal y esos eran los postres, por cierto, estaban muy buenos.

Pero todo no era trabajar, eramos jóvenes y también hacíamos nuestras trastadas, os contaré una anécdota un tanto graciosa, para pasar el rio utilizaban una biga y como eramos todos muy jóvenes no pensábamos en otra cosa si no que en hacer travesuras. Pues bien, poníamos la biga con maña y los que no lo sabían cuando pasaban se bañaban pero por donde se presento mi madre y esa fue la primera que se baño, pero cualquiera le decía no pases, si se llega a enterar que la viga estaba puesta con maña nos daba con la correa, así que cualquiera hablaba.

Después nuestra generación; nosotros nos casamos, yo llevaba seis sillas una mesa, la cama un armario una mesita de noche dos sartenes y unos cuantos platos, bueno ya era algo mas que antes.

La cocina era la chimenea y la leña de olivo o de encina, después a lo largo de nuestra vida hemos ido unas veces mejor otras peor pero hemos seguido adelante. Nuestro trabajo era mas o menos como el que tuvimos antes con nuestros padres hace menos años pero estoy hablando de hace mas de cuarenta años. Nosotros la casa que compramos tenia agua pero no tenia ni retrete ni cuarto de baño, carecía de muchas comodidades que hoy en día si las hay.

Se ganaba muy poco, me acuerdo de la época del jornalero, se iban los hombres por la mañana a la plaza del pueblo a ver si les salia el jornal y al que le salía se volvía a su casa y la mujer le preparaba la merienda y ya se iba tan contento aquel día a trabajar, y así era la vida de antes.

Mi marido se iba a Francia ha trabajar ha la temporada de la uva y yo me quedaba ese tiempo a cargo de todo cuanto había que hacer por ejemplo de despojar la huerta y la de la casa. Pues yo cogía los tomates los jigüelos, habichuelas, el maíz, los peros de invierno, los marruecos, calabazas, todo lo que es despojar una huerta, mucho trabajo.

Después venia el tiempo de la recogida de la aceituna y también había que cogerla y con bastantes menos preparativos que hay hoy en día, en fin que se pasaban bastantes fatigas.

Un casco que me paso con mi marido, fue hace unos años tenía yo la leña preparada para encender la lumbre pero tenía que salir a hacer unos mandados y no me gusta dejarme la lumbre encendida por que no fuera a pegarse fuego. Pues bien, cuando volví el buen señor de mi marido había metido debajo de la leña unos mecheros inservibles y el se fue al campo, después cuando yo regresé hacia mucho frío y me agaché a prenderle fuego a la leña y cuando le arrimé el misto aquello exploto, como me puse el pelo y la cara de ceniza, y unos pelos para adelante y otros para atrás, ni yo me conocía, no sabia si era rusa, si alemana o española, con la cara en ceniza y los ojos en oscuro porque los cerraría, parecía una cabra jara. Hay que ver que cosas me pasan.

Las Fiestas del pueblo de aquel entonces, eran muy bonitas, venían muchos cacharros, la tómbola, el subibaja y muchas cosas mas, y las cervecerías, en fin, un año estaba el subibaja funcionando y se presentó una tormenta de pronto y lo pararon y los que les cogió en la parte de abajo se pudieron bajar, pero los que les cogieron en lo alto no se podía bajar y se pusieron chorreando como una sopa.

Seguro que aquellos chicos no se subirían en otro subibaja en un tiempo, por lo menos hasta que se les olvidara.

Bueno, también venían cantantes, la Pantoja, Chiquetete, Manolo Escobar, las Paquiras, Pepe Marchena, La Paquera de Jerez, y muchos mas. Montaban una caseta portátil para los cantantes, por cierto últimamente la montaba el Excelentisimo Ayuntamiento de Fuensanta, y eran muy bonitas, venian gente de otros lados a verla. En fin, la gente se divertía y se lo pasaban bien.

Hoy en día esta todo muy distinto la Caseta esta hecha de obra y muchas mas comodidades.

3/16/2006

LA SOLEDAD DE UNA NIÑA DE PADRES SEPARADOS



Los primeros recuerdos que llegan a mi mente de muy corta edad, quizás cinco o seis años, allá por el año 1.963. Son recuerdos de mi casa con mi padre, mi madre y mis hermanos, pero no recuerdo nada con cariño, ni ningún momento de felicidad, solo recuerdo gritos, angustia y miedo, miedo al oír los pasos de mi padre que llegaba y yo corría a esconderme detrás de las cortinas que separaban la cocina del comedor. Mi madre procuraba que mis hermanos que eran muy pequeñitos por entonces estuviesen cenados, duchados y metidos en la cama, para que de nada se enterasen, además al ser pequeños no comprendían y gracias a dios no tienen ningún recuerdo ni bueno ni tampoco malo porque esos no se olvidan. Pero yo los recuerdo todos; mi padre no era mala persona al contrario según vecinos y amigos, todos le querían, tenía fama en el barrio de hombre formal y trabajador, pero tenia un defecto “el alcohol”, era más fuerte que el y al venir siempre por la noche, pues trabajaba en las carreteras y nunca venía a casa de día, ya llegaba bebido pues de camino del trabajo se quedaba en el bar y cuando llegaba a casa ya no era su persona la que hablaba y actuaba, era el alcohol, así todas las noches.

Recuerdo una noche de tantas, que mi padre tenía una botella de gasolina y mi madre sentada cenando, la roció con gasolina por la ropa y le decía con el mechero en la mano que pasaría si lo encendía. Yo asustada detrás de la cortina, recuerdo que salí y le dije cogiendo una silla, que dejara a mi madre en paz, yo tenía ocho años. Un poco antes fue el día de mi primera comunión, de la cual guardo un recuerdo desagradable, de ser un día feliz para todas mis compañeras para mi fue desastroso, que no olvidaré jamás y así infinidad de momentos que se marcaron en mi mente.

Yo obligue a mi madre a que dejara a mi padre pues aquello no era vida ni para ella ni para nosotros, claro que yo creía que estaríamos mejor sin él y seríamos felices, pero siguió mi desgraciada y triste niñez.

Cuando dejamos la casa de mi padre un 24 de marzo de 1.967, yo iba a cumplir diez años, llegamos a casa de mi abuela, nos instalamos y enseguida mi madre tuvo que dejarnos e irse a trabajar fuera y lejos de nosotros. Nos quedamos con la abuela, que por desgracia no era nada cariñosa y para mi se parecía más a la madrastra del cuento de cenicienta. Pasé con diez años a ser la madre de mis hermanos y la criada de la abuela; yo fregaba, cocinaba, lavaba, tenía que ir a la fuente y acarrear el agua que se necesitaba en la casa, pues no había grifos. Si quería ir al colegio, porque me gustaba mucho y no quería faltar, tenía que madrugar mucho y hacer lo que me mandara. Poseía una huerta y yo tenía que ir, traerme o llevarme al hombro lo que ella me decía, pues me amenazaba que si no lo hacía no podía ir al colegio.

No puedo explicar todas las cosas y trabajos que una niña de diez años se vio obligada a hacer, ya que necesitaría no unos folios sino más de un libro.

Tenía unas amigas ya con doce-catorce años, que me hacían la carga más llevadera. Recuerdo a Mª Filo con cariño, a Delia y alguna más, pero en particular a Mª Pilar; para mí era a la que yo tenía más confianza, porque era muy buena, cariñosa y yo me sentía a gusto con ella, le contaba mis problemas y siempre me escuchaba. Algunas tardes me iba a su casa a hacer deberes del colegio y me sentía muy bien, pero a la vez sufría mucho ya que en esa casa reinaba una paz y una armonía que yo envidiaba. Su madre era muy cariñosa y siempre atenta a lo que su hija necesitaba. Llegaba su padre del campo, besaba a su madre, a su hija y yo tenía que irme porque al ver esas demostraciones de cariño que yo no tenía y tanto anhelaba, llegaba a casa corriendo y lloraba hasta que no podía más y me preguntaba ¿por qué? por qué yo no podía tener una familia como esa, tener una madre y un padre, un hogar.

Me sentía despreciada en la sociedad de los años sesenta, pues eran pocas las mujeres que se atrevían a separarse. Y esas mujeres y esos hijos de madres separadas eramos tratados con desprecio por muchas personas que pensaban que por no tener el padre ni la madre juntos, no tenía los mismos derechos que otra niña. Yo me he sentido marginada y no se daba cuenta la gente que yo tenía mi corazón y mis sentimientos y me hacían mucho daño.

Gracias a dios hoy después de cuarenta años, la vida ha evolucionado y los niños de madres separadas creo que ya no tienen que sufrir tanto como yo he sufrido, porque no quisiera que ningún niño pase por ese trance en su vida. Que los padres piensen en sus hijos antes de tomar decisiones que les puedan afectar y marcar para toda la vida, pues la niñez y adolescencia es solo una vez y la recuedas toda tu vida y si ha sido mala te marca para siempre, lo dice una hija de padres separados.

T.P

A NUESTRA CARMEN POR SU 100 CUMPLEAÑOS


La vida para nuestra Carmen quizás no fue fácil eran tiempos muy duros con solo 25 años y dos hijos que alimentar, nos contaba ella que se fue al campo como todo lo días le dio sed y bebió agua del río llego a su casa y empezó a ponerse malo, estuvo en cama y murió el médico les dijo que la causa de su muerte había sido el haber bebido agua del río ya que unos metros más arriba estaban lavando la ropa de una recién parida, y esa agua lo había envenenado.

Así que tuvo que ponerse a trabajar, como estaba criando a su hijo se puso a trabajar de Nodriza

Tuvo que compartir la teta que le daba a su hijo con otro niño para ganar un dinero que aunque era poco, pero bastaba para poder seguir viviendo.

Paso el tiempo y este le tenía reservada otra sorpresa aun mayor, el hijo que tenía de 15 años falleció así que otra vez le paso la vida factura.

Paso el tiempo y como tu bien decías Dios te premio con dos hijas que te quisieron y te amaron hasta el final de tus días.

Ella se fue de nuestro lado el 11 de Abril del 2004 con 98 años, fue muy difícil aceptar que ya no estaba a nuestro lado sabíamos que ese momento tenía que llegar pero la queríamos tanto que la vida sin ella nos era difícil de imaginar

Fue tanto lo que recibimos de ella que su muerte provoco gran dolor ya que era una persona que daba sin esperar nada a cambio. Ahora son 100 años los que vas a cumplir y nos hubiese gustado soplar las velas contigo.

Han pasado 2 años los recuerdos se van quedando pequeños y sin llegar a entenderlo te vas acostumbrando a vivir con ese vacío que dejo.

Con solo pensar en ella me viene a la memoria tantas cosas, tantas palabras, tantos consejos, etc.

Se que nunca podremos volver a verte, nunca volveremos a tocar tu piel, ya todo se acabo, pero tu siempre ocuparas un gran lugar en nuestro corazón, por mucho tiempo que pase no desaparecerás de nuestras vidas.

Te queremos. RAQUEL Y MERCEDES

MI INFANCIA


Soy Carmen y voy a relatar la historia de mi infancia, ya que fue la época más feliz de mi vida. Tuve la suerte de nacer en una familia, sencilla y humilde con unos valores humanos extraordinarios, ¡Para mi los mejores!

Desde que nací, ya vine dando guerra siempre he sido una niña muy testaruda y traviesa.

Mi madre me amamanto durante veintidós meses como no había manera para que dejara de mamar, me llevaron al cortijo donde vivían mis abuelos maternos y allí me quede con ellos, un tiempo.

A los quince días fue a verme mi madre, cuando la vi aparecer, en vez de ir a darle un beso le puse una silla y le dije que la niña quería teta, hay se ve lo testaruda que era.

El cortijo de mis abuelos era para mí como un paraíso, siempre me ha gustado mucho el campo.

Era una casita pequeña donde ni tan siquiera había luz, se alumbraba con un candil o un carburo yo disfrutaba mucho cuando estaba allí.

En la puerta, que estaba empedrada, había una mesa de piedra, también un lilo y muchos árboles más que en verano daban una sombra estupenda y un perfume delicioso.

Aquel lugar era el ideal para jugar y dejar correr la imaginación, allí me pasaron infinidad de cosas, que luego venia contando a mis amigas.

Unas eran ciertas, como lo que me pasó con una cabra que tenia mi abuelo, allí todos los animales estaban sueltos gallinas, patos, pavos, etc. El corral tenía unos agujeros en su pared de piedra, por donde salían y entraban los animales. La cabra que antes he mencionado tenia unos cuernos enormes, y un odio feroz a los niños, no se porqué. Estaba jugando junto a la alberca que había en la huerta, la cabra al verme se lanzó sobre mi y caí al agua, suerte que estaba allí mi abuelo que me sacó rápidamente, sino quizás hoy no lo estuviera contando, creo que de ahí me viene esa relación amor odio con el agua. También le conté a mis amigas, que me había perseguido una serpiente enorme y se había comido una onza de chocolate que había perdido mientras huía de ella.

A veces llegue a creer que todo eso era cierto.

Voy a dejar el tema pues podía seguir contando infinidad de anécdotas.

Recuerdo con muchísima emoción el día que nació mi hermano, era mi primer año de escuela, andaba el 1960, y estaba con Doña Encarnación Lopéz en las “permanencias”, eso quiere decir que salíamos de la escuela a las cinco y a las cinco y media volvíamos a entrar para salir a las siete, que en invierno es completamente noche cerrada, corría el mes de noviembre. A esta gran mujer le debo lo que sé, la verdad sea dicha, siempre he sido un poco indisciplinada.

Ella se preocupo siempre de los más traviesos, conmigo lo hizo siempre de una forma especial.

Vuelvo al nacimiento de mi hermano ¡que me voy por los cerros de Úbeda!

Cuando llegue a casa y vi a mi madre con un niño en los brazos, no puedo explicar la sensación que experimenté, esto me parecía extraordinario, fue un día inolvidable. Debo decir que mi hermano nació en casa como todo el mundo en aquella época.

Sigo contando sobre mi maestra estas letras quiero que sean de homenaje a esta profesional que dio todo lo qué tenia por formar a varias generaciones de niños de este pueblo. Gracias a su tenacidad y esfuerzo, hoy tenemos un poquito de cultura, que en tiempo de la posguerra no era como ahora; creo que estarán de acuerdo conmigo las personas que la han conocido. De niña yo era flacucha y canija; mi maestra, todos los días a las once me mandaba a casa para que comiera algo, y yo, en vez de ir a comer me iba al río, allí pasaba el rato o bien saltando de piedra en piedra, cogiendo ranas o buscando huevos de pato, que en aquella época había muchos en el río, ni decir tiene que mi madre no sabia nada de toda esta historia, ya me había encargado yo de que no vieran en casa la nota que me había dado la maestra.

La pavetosa de turno se lo dijo a Doña Encarna y allí acabaron mis escapadas al río, con una tunda de palos por parte de mi madre y con bastantes tirones de orejas por parte de la Doña.

Paso página y sigo con otra de mis travesuras; era tiempo de aceituna, mi madre me dejaba el almuerzo preparado todos los días, unos días unas cosas otros otras. El día en cuestión al que me voy a referir lo recuerdo como si fuera hoy mismo, ese día me dejó un hoyo con un chorizo y un huevo cocido y de postre un pero de hocico perro, era sábado y de matiné ponían “Alí Baba y los Cuarenta Ladrones“ y decidí que quería ir a ver la película, como no disponía de dinero, opte por vender el huevo duro que me habían dejado para comer ese día, me fui a lo de “Camilo“ que compraba los huevos de las casas y con otros cinco mas que mi madre tenia en casa me conseguí el dinero que necesitaba, seis reales en total. Me fui al cine, pero no podéis ni imaginar la que se armó cuando mis padres vinieron de la aceituna, era noche cerrada y yo no aparecía por sitio alguno, mi madre llorando y mi padre diciendo que cuando apareciera no se me iba a olvidar ese día.

Cuando llegue a casa contando la película tan contenta, ya podéis figuraros lo que paso, el castigo fue bastantes días sin salir a jugar, eso era lo peor que me podían hacer, pero ¡mereció la pena!

Pasó el tiempo, y en 1963 nació mi hermana pequeña yo contaba con diez años de edad, de nuevo fui con mis abuelos al cortijo, para que yo no viera como se desarrollaba el nacimiento, el camino hacia el cortijo fue en una burra que tenia mi padre, ni que decir tiene que de coches nada. Cuando supieron que había nacido la niña me llevaron de vuelta a casa, para mi era como una muñeca que nunca tuve, solo tenia una de trapo, con la que siempre fui feliz, en fin que ya éramos tres.

Mis hermanos han sido siempre mi apoyo y mi alegría.

Mi madre a sido siempre una madre ejemplar desviviéndose siempre por nosotros, también era la que mas nos reñía, por eso quizás yo he estado mas por mi padre, en cierta forma.

Mi padre siempre ha ido a buscar trabajo donde lo hubiera tanto, en Barcelona, Lérida, Francia. Muchísimas veces nunca a querido que la familia fuéramos a vivir a otros lugares porque no perdiéramos nuestras raíces. Cuando se iba a Francia, a la vuelta traía la maleta de madera llena de cosas que le ponían para comer a ellos y aquí no los había en aquellos tiempos, quesitos en porciones, mermelada,..., no se los comía por traerlas a casa para nosotros.

En una ocasión se rompió mi hermano un brazo y lo ingresaron, yo me quede a cargo de la casa y me sentía muy mayor. El día que venia del hospital decidí, junto a una amiga “Mari la Josita”, que teníamos que ir a recibirlos. Nos fuimos las dos andando la carretera adelante, íbamos tan dispuestas, nos encontrábamos con alguna gente que extrañados nos preguntaban donde íbamos y le decíamos “a esperar el correo”; Estábamos cansadas y hambrientas, pensamos en llegar a una casería donde mi tía estaba de casera, dejamos la carretera y nos adentramos en el camino, justo enfrente de Villa Conejos. Llegamos a lo de mi tía o “chacha”, le pedimos que nos diera de comer, nos dio un hoyo de pan con aceite y chocolate, y nos dijo que volviéramos al camino pues se podía pasar el correo, y exactamente fue eso lo que nos pasó. Volvimos a la carretera camino del pueblo, estábamos próximos al Puente Salado y pasó un amigo con una bicicleta y nos dijo que si queríamos irnos con el, aceptamos, como no cogíamos las dos decidí que se fuera ella y después volviera a por mi. Estaban llegando al pueblo y serian mas o menos las cinco y media, venia un montón de gente a buscarnos, se habían enterado y pensaban lo peor, que nos habían raptado y se movilizó medio pueblo. Mi madre al verla a ella y a mi no, se llevo el susto de su vida.

Mari se lo explicó todo y cuando me encontré con ellos mis padres me abrazaron llorando y mis abuelos y tías me hicieron prometer que no iría a sitio alguno sin pedir permiso.

Al pasar un par de años de todas estas anécdotas que he contado y de otras muchas que no he relatado, pues me iba a extender demasiado, la vida se encargo de hacerme madurar y pase de una infancia muy feliz a una mayoría de edad, sin tener adolescencia.

Creo que lo bueno de la vida hay que vivirlo al máximo, lo malo ya viene solo.

C. L.

TIEMPOS PASADOS



Voy a redactar un pequeño relato del tiempo de mis abuelos, personas respetuosas y buenas, con muy poquitos hábitos de sabiduría, no porque fueran torpes, sino que en el tiempo cuando se criaron no se daba la oportunidad de estudiar ni nada por el estilo, ellos nacieron nada más que para trabajar.

Mis abuelos maternos eran, como la mayoría de la gente de aquellos tiempos gente dedicada al campo. Se fueron de caseros con sus tres hijas a un cortijo arrendado. Allí buscaban collejas, tronchos de lenguaza para comer, también comían higos, migas al amanecer, para el mediodía tomates fritos con pimientos y berenjenas o cocidos, potajes y poco más de lo que daba la tierra.

Guardaban las higueras, es decir las cuidaban para que no robaran los higos, porque tenían que pasarlos para hacer bollo para comer y también para cambiarlo a un señor que se llamaba Socorrete e iba por los cortijos llevando porcelana y platos de graná y así les juntaban a las hijas el pequeñísimo ajuar de ollas.

Mi madre era la hija más pequeña, pero sus hermanas que eran mayores le ayudaban a su padre en todas las faenas del campo. Iban a segar y arrancar alverjanas.

Me cuenta mi madre que para la fiesta del pueblo se hacían un vestidillo, bajaban un día a la fiesta, el día de los cortijeros. Y cuando pasaba la feria le decía que se guardara el vestido para el año que viene.

Mis abuelas siempre iban vestidas de negro, con un delantal a cuadros y alguna toquilla un poquito raída y siempre peinadas con moño. Que poquito disfrutaban de la vida, ni fiestas, ni vestidos, solo estaban para criar hijos y trabajar. Tan buenas y sumisas, siempre las conocí hechas unas viejecitas, cuando en realidad no lo eran.

También mis padres se fueron a un cortijo, cuando yo tenía cuatro años, junto con mi hermano. Más o menos parecido a mis abuelos, porque tenían que comer también de lo que daban las tierras. Muchas gacha-migas, habas, algún animal que se criaba y la matanza del cerdo.

Yo más pequeña que mi hermano siempre me quería ir con él a jugar, pero me decía que tenía que ayudar a mi padre, trabajador como pocos y buen padre.

Algunos ratos me iba a una alberca que había allí y mi padre me enseñaba las ranas, los sapos y yo me asustaba. Otras veces jugábamos a las chinas con piedras pequeñas o me hacía mi madre una muñeca de trapo (juguetes ningunos).

A mi hermano le gustaban mucho los mantecados y por más que mi madre los guardaba él los encontraba. Acabó escondiendo la olla en la pajareta cubierta de paja, eran los únicos dulces que había hecho mi madre y no quería que nos los comiéramos antes de navidad.

Hay tantas anécdotas de nuestra niñez; para comprar chocolate, se compraba por onzas, el atún, la miel y otros alimentos los vendían a granel.

Pero dentro de esas estrecheces siempre lo recuerdo con mucha felicidad, pues fui una niña muy mimada y querida por mis padres y mis abuelas. Dios los bendiga.

Bueno, vaya cambio que nos dio la vida para criar a nuestros hijos. Les hemos dado todo lo mejor que hemos podido, en ropas, comida, vestidos de comunión, estudios, todo lo que hemos tenido a nuestro alcance, gracias a Dios. Podemos estar orgullos de que nos van a quedar muy pocas cosas que hallan pedido nuestros hijos y que no se lo pudiéramos dar humildemente.

Deseamos todas las madres que siga todo para bien y que lo sepan aprovechar para bueno.

Loli Contreras

LAS VIVENCIAS DE UN FUENSANTEÑO EN AÑOS DE POSGUERRA


Antonio Torres Díaz, fue un vecino de la villa de Fuensanta de Martos. Un hombre trabajador, bueno, cariñoso, gracioso y muy simpático según dicen las personas que le conocieron.

Cuando sus padres estaban recién casados y su madre estaba embarazada de pocos meses, muere el padre. Antonio nació un 27 de Septiembre de 1905, huérfano de padre en el seno de una familia apodada “Los Avares”. Al ser pequeñito y criarse con su abuela todos le decían cariñosamente “Mi Avarillos” de ahí su mote Antonio “Avarillos”. Pasó su niñez y su juventud como otro de tantos en aquella época de penurias.

Fue albañil, se casó y tuvo cinco hijos de los cuales tres nacieron antes de la guerra civil y otros dos durante la misma, un sexto embarazo no llegó a su buen fin, debido a que el día en que lo detuvieron, hubo un momento violento cuando empujando a su esposa provocándole una caída por las escaleras con la horrible consecuencia de que embarazada de siete meses pierde a su hijo.

El no participó en política, ni en el tiempo de la República, ni durante la guerra, ni al terminar esta. Su único delito fue ser de izquierdas o rojo y al tomar Franco el poder todo el que no fuera de derechas o nacionalista estaba en el punto de mira. Hoy en día hay libertad de ideologías, pero en aquellos años y en una dictadura se consideraba un delito y un delito castigado con la cárcel. Y eso le pasó a Antonio, un hombre que jamás se metió con nada ni nadie, pero sus “ideas” le llevaron a enemistarse con algunos “personajes” del pueblo de Fuensanta.

De la noche a la mañana se encontró detenido y trasladado a la cárcel de Jaén sin más explicaciones. Fue juzgado por desacato al Régimen y su condena fue: pena de muerte. Después de pasar algunos meses en la prisión lo trasladan al penal del Puerto de Santa Maria en Cádiz. Allí pasó cuatro años con la agonía de pensar si le tocaría salir al patio; pues cuando llamaban a los presos por sus nombres y les decían, salir al patio ya sabían para que era, pues les fusilaban, teniendo que salir luego algunos hombres para recoger los cuerpos de sus compañeros, echarlos a un camión y limpiar la sangre del “lugar de recreo”. Con esas y otras barbaries pasó los cuatro años hasta que lo vuelven a trasladar a Sama de Langreo en Asturias, a unas minas de carbón, donde fue obligado a trabajos forzados. Allí pasó otros tres años de su vida, subsistiendo con un cacito de calabaza cocida al día, viendo como morían compañeros por la desnutrición y por enfermedades.

En total cumplió siete años y nueve meses de condena. Estando en las minas de Asturias le llegó el indulto y lo pusieron en libertad, sin dinero, sin conocer a nadie y enfermo. En Asturias conoció a un señor que tenía una zapatería y el cual le dio trabajo durante seis meses, hasta que ganó unas pesetas para poder pagarse el viaje de vuelta a casa.

Por fin después de casi ocho años regresó a casa, enfermo de cuerpo y alma, donde vivió unos pocos años más, porque la pena de muerte que en su día le fue impuesta y no se llevó a cabo, se la dosificaron a lo largo de esos ocho años, lo mataron cada día un poco, hasta que su cuerpo no aguanto más y murió en casa rodeado de los suyos.

Durante esta etapa final, su hijo Antonio a la edad de 33 años fue asesinado en Barcelona también por causa de su ideología política.

Sus delitos fueron tener ideas contrarias al Régimen, es decir ideales socialistas.

Espero que en España siga la libertad de expresión que rige hoy en día, sin miedo a represiones y con total libertad.

La nieta de Antonio Torres Díaz

Teresa Parra Torres

EL SENTIR DE UN COFRADE



COFRADIA MARIA SANTISIMA DE LOS DOLORES

Y EL CRISTO DE LA EXPIRACION

La Semana Santa desde el punto de vista de cualquier cofradía y de esta de Fuensanta en particular no es una fiesta más en el calendario. Es una celebración que hace revivir un algo dentro de nuestra fe cristiana.

Durante todo un año se está preparando unos cultos y actos con bastante entusiasmo por algunas personas, aunque siempre hay cofrades y otros que no lo son, que demuestran una gran apatía y desinterés. Se trabaja todo el año para que todo esté dispuesto cuando llega Semana Santa, atrás quedan las horas de trabajo, de malos ratos y de criticas, pero todo se olvida cuando esas imágenes tan veneradas están preparadas y salen a la calle.

En mi caso particular, no queda sólo en eso, pues en las imágenes que representan la Pasión y Muerte de Jesús, al mirar esas caras de dolor, yo me siento estremecer, pues no solo reflejan el dolor de la Pasión, sino el dolor de ver hoy en nuestro mundo actual tanta injusticia, tanto odio y marginación, tanta droga y alcohol en nuestros jóvenes, la violencia, la inmigración, el terrorismo y las guerras todo es dolor y angustia la cual se ve reflejada en sus rostros que hace que al mirar nuestras imágenes no puedas evitar las lágrimas.

Me gustaría que aparte de ir acompañando a nuestras imágenes procurásemos que la Semana Santa nos sirviera a todos para unirnos más, para ser más solidarios, más generosos y sobre todo más humanos.

La imagen de LA VIRGEN DE LOS DOLORES, en particular para mi no hay otra igual al mirarla lo que siento es imposible de poder explicar es mi Madre, mi Amiga, mi Confesora a la que cuento todas mis penas y mis alegrías La que siempre tengo a mi lado y nunca me falla, en los momentos más horribles de mi vida siempre me tiende su bella y poderosa mano, por eso para mi ELLA es el timón que guia mi vida , y espero que siempre sea así hasta el fin de mi vida.

MI PEQUEÑA HISTORIA


Me llamo D.B.P., nací en 1939, fue el año que terminó la Guerra.

Con ocho años comencé a trabajar, no tuve niñez, porque me pillo la época de la posguerra. Éramos tres hermanos y teníamos que ayudar a mis padres a trabajar en el campo. Desde los ocho años hasta que cumplí veintitrés años.

Para la corta edad que tenia, realizaba y ayudaba en casa guardando pavos y cochinos, segando, haciendo pan, cogiendo carbón, bellotas y aceituna, tareas un poco duras para lo niña que era entonces, y trabajos casi impensables en estos años que vivimos.

Yo me he criado muy delgada y por eso en mi pueblo me llamaban Fifita.

Con veintitrés años me case, me vine a Fuensanta a vivir en una casa que no era mía. La casa no tenia ni agua ni retrete y lo único que llevaba cuando me case era cuatro sillas, una mesa, seis platos y seis vasos y para hacer de comer tenia un infiernillo de petróleo, nada que ver con las ostentosidades de las casa de hoy en día, vivíamos con lo justo.

Mi viaje de novios o luna de miel fue irme a Francia, bonito y romántico destino para unos recién casados, excepto por una salvedad el fin del viaje no era que trabajar para conseguir unas cuantas pesetas, así me fui un año tras otro, durante catorce años, dejando a mis hijos atrás y perdiéndome muchos momentos importantes de su niñez.